lunes, 7 de mayo de 2012

RAIMUNDO CAPARROS


Raimundo Caparros nació en Venado Tuerto, provincia de Santa Fe, un 4 de mayo de 1920. A los 21 años ya contaba con un taller mecánico y venta de repuestos, fue ahi cuando empezó a competir en carreras de Ford T y fuerza limitada.
Sus comienzos en el TC no fueron demasiado alentadores, pero enseguida empezó a hacerse notar.
En 1952 ganó en la Vuelta de Chacabuco, ralizada el 18 de mayo, ya codeandose con las figuras de esa época, representando ni mas ni menos que a la tierra de Marcos Ciani.


Siguió compitiendo las siguientes temporadas pero con algunas ausencias, y tuvo que esperar hasta 1961 para repetir victoria con su Chevrolet. El 12 de noviembre de ese año llega antes que todos a la meta de la Vuelta de Tandil.


En 1965 se corre por única vez el Gran Premio Internacional Dos Océanos, el cual era encarado con entusiasmo por Raimundo Caparrós,  a las 7 del jueves 26, se inició la penúltima etapa. Un camino de 717,5 Km hasta Venado Tuerto. Entonces largó Alzaga. A los 20 segundos, Gimeno. A los 40, Emiliozzi. Al minuto, partió Caparrós…
El señor de Venado Tuerto, Caparrós, se puso en camino de su inmolación cuando la mañana mendocina era nueva y muy fría todavía. El Chevrolet que llevaba el número 14 en las puertas, apenas hizo 3 km. Tres mil metros… La leyenda inmortalizó el relato. La máquina llegó con toda la potencia al rond-point en el que termina la avenida de acceso a la capital mendocina y al frenar para tomar la curva que marca el contorno de una fuente, aparentemente se bloqueó la rueda delantera derecha.
El coche escapó al control de su conductor y se desplazó hacia afuera, dando dos tumbos para caer dentro de un cauce de riego, envuelto en llamas. Los tanques, repletos de combustible, en los tumbos que daba el automóvil seguramente perdieron hermeticidad. La nafta se inflamó al contacto con las chispas producidas por el roce de las partes metálicas con el pavimento, antes de caer en la acequia.
El fuego brotó instantáneamente y envolvió el auto; sus tripulantes no pudieron escapar. Probablemente habían perdido el conocimiento. El público, enloquecido, arrojaba tierra sobre el auto pretendiendo apagar el fuego. Cuando llegaron los bomberos, ya era tarde. Caparrós tenía quemaduras de segundo y tercer grado en más del 50 por ciento del cuerpo y una fractura de vértebra. Héctor Pérez, sufría quemaduras que le cubrían el 80 por ciento del cuerpo y hubo que hacerle una traqueotomía de urgencia para facilitarle la respiración trabajosa y desesperada. A la noche, se emitía un comunicado. Pérez tenía fractura de columna y posible fractura de cráneo; su estado era desesperante. Caparrós, casi calcinado, agonizaba…
Todo haría crisis a las 8.20 del sábado 23, cuando la Dos Océanos transitaba rumorosa entre Junín y Chacabuco aproximadamente. Caparrós nunca más volvería a Venado Tuerto. Tampoco Pérez. Lo harían sus cuerpos llevados respetuosamente por una multitud dolorida. Caparrós estará llegando siempre al control de la dignidad, de la entrega total, en la que se había consumido su pasión. Un ideal que el fuego no podrá consumir nunca.

3 comentarios:

  1. Fué uno de los grandes. Quizás no llego a tener la popularidad que realmente merecia. Quienes lo conocimos y seguimos su trayectoria siempre lo recordaremos con afecto y respeto, a la par de aquellos grandes campeones que supo tener esa gloriosa etapa del TC nacional por los años 50/60.-

    ResponderEliminar
  2. gracias por el comentario, una lástima semejante pérdida...

    ResponderEliminar
  3. Raimundo era primo de mi abuelo Tomás Caparroz (la parte de la familia de Raimundo cambió el apellido por alguna razón que nunca me supo explicar mi abuelo, nosotros mantuvimos el apellido original de la región de Andalucía). Me contó un par de veces (yo era chico) de las hazañas de este grande. Saludos!

    ResponderEliminar