martes, 24 de julio de 2012

NORBERTO POLINORI


Norberto José Polinori nace el 25 de mayo de 1932 en Villa Cañás. Sus padres, Anita Matonay de Polinori (Doña Anita) y Egidio Polinori, en ese tiempo, eran propietarios de una sólida empresa dedicada a la compraventa de repuestos de motores de diferentes vehículos. En ese ámbito, atestado de tecnología mecánica, se desarrolla su vida. Tenía un hermano mayor que él que se llamaba Juan Alfredo, al que todos lo conocían por El Pety. Uno de los primeros deportes que practica es el fútbol en el Club Sportsman. Se casa con una linda mujer Mirtha Sfasciotti que le dio tres hijos: Fernando -20 de junio de 1963- y, Graciela y Silvina -14 de marzo de 1965-. Las mellizas nacieron al concluir la primer etapa en Venado Tuerto de La Dos Océanos, en la que participó.

Al inicio del año 1963, Norberto José Polinori, joven corpulento y bonachón, de treinta años de edad, apodado «El Negro», se decide a preparar una Cupé Chevrolet con motor Apache de cuatro bancadas, para participar en el Campeonato Argentino de Turismo Carretera; categoría máxima nacional de competencia automovilística.

"Al terminar de armarlo, salimos a probar el auto. Al ponerlo a ciento setenta kilómetros por hora en la ruta, se sorprendió. «A esto no lo puedo manejar, lo voy a tener que vender»; el auto era muy inestable. «Habrá algo mal; vamos a ver a Marcos», traté de calmarlo. Al probarlo Ciani manifestó: «Ni yo lo puedo manejar». Lo llevó a un taller, lo alinearon y salimos a la ruta manejando Marcos; lo puso a ciento noventa kilómetros por hora, soltó el volante y expresó: «Ves "Negro", es fácil, ahora se tiene bien». Al volver a Villa Cañás, «El Negro» hacía lo mismo; estaba loco de alegría."
La carrocería la adaptó a la categoría José M. Baquio, en Venado Tuerto.
Norberto José Polinori y su equipo de mecánicos trabajaron a ritmo sostenido durante, aproximadamente, un año, hasta dejar a la cupé en condiciones para la primer prueba.

La tapa de cilindro «Made in Villa Cañás»
En tanto se sucedían esas carreras, desde el comienzo del año '64, los mecánicos de Polinori experimentaban con un invento; no sabían si iba a dar resultado.
N.Ferreyra.: "Durante un viaje que hicimos a Rufino, «Chacarita» Pettinari y yo convencimos a «El Negro» para que nos consiga una tapa de cilindro para reformarla y crear una de seis entradas y cuatro salidas. Al traernos una tapa trabajé con una máquina de agujerear, con una sierrita. Hice los nichos, construí las primas rectangulares de fundición. Las coloqué como armando un rompecabezas. A las seis de la tarde, en la herrería de Moisés Brahim, prendimos la fragua para soldarle los tres tramos. Moisés hizo las soldaduras, yo le indicaba como colocar las piezas, el chico de Puebla me ayudaba a girar la tapa. «El Negro» hacía un lechón asado, iba y venía, no podía estar quieto. Al terminar, a las tres de la mañana, pusimos la tapa de cilindro reformada en el sitio que se hizo el asado, la tapamos con cenizas y brazas para que no se enfríe de golpe, sufra tensiones internas y se raje.
"Finalmente, «Chacarita» hacía el trabajo más delicado, el pulido de las bocas de entrada de admisión, salidas de escape, tenían que ser iguales, así también, las tuberías en sus diámetros y sus longitudes. Él era una persona muy capaz, un intuitivo que leía mucho y le gustaba experimentar cosas nuevas.
"La ventaja de esta tapa era que hacía más veloz a la Cupé.
"Tuvimos algunos problemas, se iba agua a los cilindros y el auto andaba en cinco cilindros; por ello abandonamos algunas carreras.
"Hicimos otras agregándole mejoras, con moldes diseñados por «Chacarita»; el auto andaba rápido, pero por fundirse con diferentes materiales, se rajaban."
Para participar en la Vuelta de Tandil -la «No ganadores»- del 16 agosto de 1964, pusieron la primer tapa de cilindro con su problema solucionado. De esa carrera, Norberto Polinori (promedio de velocidad: 149,910 Km./H) salió triunfante, seguido de José Manzano (segundo).
N.Ferreyra.: "Al terminar esa Vuelta, se volcó la gente a ver el motor. Nunca un motor Apache de cuatro bancadas había tenido una tapa de cilindro de seis entradas y cuatro salidas. La única se creó en Argentina, la hicimos nosotros en Villa Cañás."

De Chevrolet a Ford
Pasar de Chevrolet a Ford era (es) un sacrilegio automovilístico. Dados una serie de factores, los mecánicos de Polinori se atrevieron a fantasear con esa posibilidad.
P.Salvía.: "Estuvimos a punto de pasarnos a Ford en el año '66, en que todos corrían con Ford F100 o con motor de siete bancadas con caja de cuarta y nosotros lo hacíamos con un motor de cuatro bancadas con caja de tercera reformada de un Chevrolet '46. Teníamos un motor F100 armado íntegro en el taller, y «El Negro» no quería ponerlo. Nosotros ("Coco" y yo) le insistíamos que lo coloque. Por esa diferencia nos distanciamos de él por unos días.
"Él pensaba bien; si se iba de Chevrolet, era difícil volver. Los Ford tenían un problema: se rompían con cierta facilidad. Tenía miedo, si se le rompía el motor no iba a poder correr más, el dinero para armar uno nuevo salía del bolsillo de él y los costos eran elevados. Al poco tiempo, la General Motors, que había retirado el apoyo, vuelve a darlo."
En la Vuelta de Chacabuco, del 24 de julio de 1966, abraza un meritorio tercer puesto. Primero se colocó Juan Manuel Bordeu con su Chevrolet Súper (3h 32m 51s 2); segundo, Angel Rienzi (3h 36m 17s) con su Ford F-100; tercero, Norberto Polinori (3h 43m 35s 8), ubicó al mejor Chevrolet cuatro bancadas; cuarto, Eduardo Casá (3h 43m 43s) con su Ford F-100.
«Polinori y Casá compartían el tercer puesto que se decidió a favor de Polinori por sólo ocho segundos.»

El accidente
J. Galván: "Nos tocó el cinco; nadie quería ese puesto -muchos se mataron con ese número-. Sexto largó Ternengo; el que, al llegar a la bajada a la tierra, estaba pegado a nosotros. ¿Cómo lo había  logrado tan rápido? La viuda de Meunier bajó  la bandera antes de los diez segundos reglamentarios, entre la partida de cada coche. Le dije a 'El Negro': «No lo dejés bajar a la tierra primero»; para evitar problemas, hizo lo contrario. En la tierra siempre fuimos entre la polvareda de Ternengo; no lo podíamos pasar. En las curvas lo encimábamos; andábamos jugados para alcanzar la punta. En la tercer vuelta -íbamos tercero-, se dio vuelta el viento, lo teníamos de cola, la tierra quedaba encajonada en el camino; no veíamos nada. El punto de referencia que había tomado eran tres molinos, al pasar el último, a los dos minutos teníamos que doblar a la derecha, yo los venía mirando -marchábamos a ciento ochenta kilómetros por hora-, de repente, sentí un golpe, el auto empezó a derrapar, hizo un trompo -no sabía que pasaba-, pegué con la cabeza contra el tablero, fue un golpe elástico (chocamos el auto de Andrés Melino que circulaba despacio al borde del camino que era angosto). Al parar, quedando el auto en sentido contrario a la carrera, 'El Negro' me grita: «¡Dale, bajate!»; lo quedé mirando... «¿Qué pasó?»; le pregunté; «¡Dispará!»; insistió. Bajé del auto y me quedé parado al lado, no se veía ni a un metro. Me acordé que atrás nuestro, cerca, venía Gastón Perkins. Le grité: «¡'Negro' guarda atrás!...» -nunca me voy a olvidar...- terminé la frase y sentí un golpe, vi algo que voló, no sabía qué era. Crucé el alambrado sin sacarme el casco, me metí cincuenta metros adentro el campo;  podía pasar cualquier cosa allí. Cuando se disipó el hongo de tierra, fui a ver lo ocurrido. Creí que 'El Negro' había cruzado para el otro campo, observé en esa dirección, no lo vi; miré para atrás, lo divisé boca abajo en el camino. Está vivo..., pensé. Fui corriendo, lo di vuelta..., enseguida me di cuenta que era sólo su cuerpo desnudo, golpeado, sin rastro de sangre derramada, desprovisto de existencia, el que tenía entre mis manos."

No hay comentarios:

Publicar un comentario